A los que estan al otro lado
A los poetas locos y ciegos
Que cantan gilipolleces a las estrellas:
Ni su luz os ilumina,
Ni dan calor que reconforte.
A las grandes bocas que braman
Supuestas verdades a mi oído:
Vuestro aliento apesta a mentiras
Nacidas más allá del tiempo.
Al ambicioso mercader,
Envuelto en oro y miedos:
Ni una de tus monedas
Servirá para pagar el último peaje
A los que prefieren vivir de rodillas
Antes que sufrir de pie:
El tiempo os castigará
Con el olvido más anónimo.
A los oscuros sacerdotes antiguos
Que aterrorizan a las viejas:
Dejad el incienso en el suelo,
Y observad el moho en vuestros pies.
A los que amenazan el futuro de mi hijo,
Y los dulces brazos que lo sostienen,
Oscureciendo el mundo por venir:
Temed la ira del hombre gris,
Porqué tras una vida sin color,
Por fin tiene una luz por la que luchar.

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