Cuando el mundo era joven

Tal vez recuerdes su nombre.

Áquel, que sentado en la esquina,

No quiso ir a ningún lugar.

Sus pies, llagados y cansados,

Vencieron, al fin, a su vida.

Y mientras su espíritu se consumía,

Maldecía al viento con sus verdades.

Una vez me contó,

Mientras compartíamos un amargo licor,

Como los titanes se convirtieron en mitos,

Y los gusanos en dioses.

Como las mil hogueras de la estepa,

Se fueron apagando poco a poco.

Como el tíntineo de las monedas,

Corrompió al último profeta.

Y es que él estuvo ahí,

Cuando dejaron de temer la noche,

Y empezaron a temer  la muerte.

“La nostalgia es jugar a ser Dios”

me decía con ojos amargos,

“y yo me he cansado jugar”.

Todos aquellos tiempos,

Todos aquellos parajes,

De cuando el mundo era joven,

Se perdieron en sus recuerdos.

Un día, su hoguera se apagó,

Un día vio demonios bailando sobre arenas blancas.

Hoy son mis pies los llagados,

Hoy es mi hoguera la que se consume.

Pero nadie comparte mi licor,

No estuve cuando el mundo era joven,

Y ahora estoy solo con mi nostalgia,

Nostalgia de tiempos que no viví.

Ya veo los demonios,

Ya veo las blancas arenas,

Ya están aquí.

Pequeñas cosas

A veces hay cosas que no encajan,

Días donde parece que mi sitio en este mundo,

está por crearse

Que todas las puertas que se abren,

sólo escondan una ténue luz  sin brillo.

 Entonces, me giro hacia tí,

y recuerdo que ahora soy tu hogar,

y en él todo encaja,

y en él, tu descansas

 

Las aguas

Y entonces las aguas se abrieron.

Las grandes bocas hablaron,

Pero no dijeron nada

Que no supiéramos ya.

Si una vez escuchaste el viento,

Ya sabes de qué me acuerdo.

La gente avanza y cae,

El rebaño es el mismo,

Mismas caras, mismos miedos.

¿Qué te hace creer especial?

¿Por qué dices temer el tiempo,

Si ya sabes qué te espera la final?

Ya sabes que las aguas se han abierto,

Y los bastardos gritan reclamando pureza,

Mientras venden sus sueños a pedazos.

Si la tierra tiembla bajo sus pies,

Al cielo se ponen a rezar.

Y sí ninguna respuesta obtienen

A ti y a mí nos culparán.

Y todo porque las aguas se abren.

Su obra maestra 2

 La volví  a ver. Apareció por la esquina hablando y gesticulando ridículamente como si estuviera terriblemente indignado. No podía ver a su sufrido interlocutor, tan solo podía intuir su espalda y una incipiente calva que me parecieron conocida. Raudamente levanté el periódico en mi mesa del bar de los desayunos. Me arrepentí amargamente de haberme a sentado en la mesa pegada a la cristalera.

Tras la portada con una horrible foto de la personalidad  del momento, empecé a contar mentalmente su recorrido enfrente del bar. 5, 6,…. están a la altura de la cristalera, no respires…. 9,10 se alejan calle abajo, respira, no te confíes… 13,15, el peligro pasó….

Iluso de mí, creí que me había librado de mi repugnante creación. Lentamente bajé el periódico con alivio, mirando hacia el final de la calle, hasta que me di cuenta que la luz había abandonado mi mesa…. Enganchado en la cristalera a mi altura estaba mi obra maestra, con una sonrisa babosa, con la nariz grasienta enganchada al vidrio, haciendo señas. La víctima de sus gesticulaciones era la calva conocida que había torcido por la esquina. Era mi editor. Y parecía cabreado.

Como un torbellino entraron al bar y se plantaron delante de mi mesa. Me quedé hipnotizado por la mirada iracunda de mi editor. Alrededor de él, danzando torpemente, mi obra maestra, repitiendo continuamente “te lo dije”.

-¿Donde están los nuevos cuentos?

-Eh… estoy en ello. Me faltan algunos detalles

-Mentira, hace dos semanas que se rasca los huevos, se levanta a la una, desayuna por ahí, y se va de bares hasta la noche, y luego se va de putas

-Eh! Yo no voy de putas, no…

-Me importa una mierda si vas o no vas de putas, me importa un mierda si una monja o una zorra te la pela a dos manos con un estopajo, o si un negro te hace más ancho el agujero de atrás- la vena de la calva de mi editor se hinchó a niveles de embolia cerebral- Quiero mi libro de  cuentos para la semana que viene.

-Pero si es imposible, aun tengo que empezar!!!

-Ah, ¿no te faltaban algunos detalles sólo?

La babosa bigotuda sonrió un poco más. Hija de perra. Yo no iba de putas, como mucho a algún club de alterne, a inspirarme, a captar la esencia de la denigración humana, a entender que es lo que lleva a un ser humano a buscar un consuelo mercenario de las necesidades más íntimas,… en serio.

Tuve que bajar la cabeza y asentir, prometer que mis horarios se convertirían en diurnos, que recuperaría ese artefacto del diablo que es el despertador de su exilio del lavabo, y que la semana siguiente tendría los cuentos acabados. Todo esto, a pesar de la humillación, a pesar de la sensación de esclavismo sobre mi sobrenatural talento, todo hubiera sido soportable, todo, excepto la última frase del explotador de mi editor:

-Y empieza tu puñetera obra maestra de los cojones. Estoy harto de oírla todo el día.

Ya llega

 

Un rumor,

Un gesto,

Un brazito,

Una sonrisa por dibujar,

Todo en un instante.

Ya está cerca,

Ya llega.

Un ansia reprimida,

Una esperanza por nacer,

Unos pasos por dar,

Una vida por construir,

Ya esta aquí

Ya llega

Arnau se llama

Su obra maestra 1

 Un tipo más bien extraño en el metro no para de mirarme. Bajito, ni metro sesenta, calvo, y con un ridículo bigote que se nota a la legua que está teñido. Y me sonríe, mejor no describo esa sonrisa y esos dientes amarillos, no deseo que se marque en mi memoria semejante recuerdo. Se me acerca poco a poco y me suelta sin ningún reparo:

-Soy tu obra maestra

-Pues eres un poco fea para ser mi obra maestra ¿no?

-Que quieres, tampoco tú eres Cervantes

Me olvidaba de presentarme, soy Joan, escritor de relatos cortos. Si tenéis algún amigo pesadito, ese que siempre recomienda autores desconocidos como si fueran los nuevos James Joice’s, y que raudamente tiran a la basura cualquier libro de su biblioteca que supere los 300 ejemplares vendidos, si tenéis algún amigo así, seguro que tiene alguno de mis libros. Gracias a un nutrido grupo de histéricos pedantes me puedo permitir sobrevivir cada mes con lo que escribo, pero no puedo evitar ir en metro en vez de en limusina. De buena gana dejaría que mis fans actuales me repudiaran por comercial, comprendedlo, el metro es muy incomodo y no tiene mueble-bar.

-¿Y que haces aquí?

-Te vengo a recordar que no me has escrito todavía

-¿Cómo qué no? ¿Y mi último libro?

-¿Esa mierda de cuentos supuestamente inteligentes? ¿Esos que se intuye el supuesto final sorpresa desde el tercer párrafo?

-Eh… sí

-Pues no, además, ¿no ves que yo soy una novela?

-Eh…. No

-¡Capullo!, ¡soy mucho más alta que un cuento de mierda¡

-Bueno, bueno, no te alteres, estás un poco nerviosa, ¿no?

-Es que me he cansado de esperar a que me escribas, qué eres un puto vago, así que he decidido que necesitas un empujoncito.

-Oye eres un poco mal hablada

-Es que soy un novela negra en el barrio chino.

Me quedo en silencio un par de paradas, pensando que coño de argumento puedo inventarme en el barrio chino. En ese barrio sólo conozco los bares que sirven absenta. Del hampa del lugar sólo tengo contacto con los chavalines que me roban cuando voy borracho. Me giro para preguntar a mi obra maestra de que va la novela, pero ya no está. Me da miedo cuando pueda volver a aparecer.

Su otro Yo

 Algo rompió la rutina de Juan en su camino a su obra. Cada día  a las 8, después de un frugal desayuno, avalado por el médico-chamán de la familia, y tras regar su sedienta garganta con un no tan frugal orujito escondido hábilmente en el cajón de los calzoncillos, Juan paseaba lentamente hasta la obra de la nueva línea del metro. Pero hoy algo se cruzó en su camino. Más bien alguien, él mismo para ser exactos. Un muchacho de 20 años más o menos, con  el pelo que antes poblaba su desolada calva, con sus propios ojos marrones oscuros, con ese caminar chulito que una vez regaló a sus admiradoras…. Se quedó en estado de shock. De alguna manera, de algún modo, la genética y la probabilidad le habían brindado un medio-clon. Medio-clon porque no era exactamente como era él a los 20 años. El muchacho era más alto, por lo menos 2 palmos, y tenía los músculos más trabajados y mucho mejor situados. Pero era esta diferencia era precisamente lo que más inquietaba, porque era como una versión mejorada de él mismo. La ropa, esa era la ropa en que se fijaba cuando su mujer lo acompañaba al Corte Inglés a comprar. Por supuesto no se la compraba, no era un payaso, sabía que era lo que correspondía a su edad. Pero era capaz de identificar lo que hubiese llevado si tuviera 50 años menos. Y ese muchacho estaba llevando todo aquello que hubiera seleccionado para si, bueno tal vez ese pañuelo del cuello no lo pondría, pero el resto era de su gusto.

No lo pudo evitar, desvió su rumbo detrás del chaval. No podía quitar sus ojos de encima, estaba hechizado, ¡que porte! ¡Que clase! ¡¿¿¿+Que culo!??? Curioso. No sabía si por la chulería (muy bien llevada por cierto) o por alguna lesión, el muchacho balanceaba un poco su trasero. Perdonable, no todo iba a ser perfecto. Por lo demás sus espaldas eran mucho más anchas de lo que fueron las suyas jamás, igual que las pantorrillas, que llenaban unos pantalones de una talla más pequeña de lo aconsejable. Un formidable Apolo, que no pasaba desapercibido entre el personal femenino tal como había percibido Juan. Lo confirmó cuando escuchó un gritito de alegría desde la terraza del bar hacía donde se encaminaba nuestro adonis. Un grupo de cuatro chicas, todas de muy bien ver, dirigían sus miradas libinidosas (o eso creía Juan intuir o imaginar) hacía los andares del Juan Júnior. ¡Como lo esperaban!, debía ser una especie de mito deportivo en el ambiente donde se movía, una estrella en su pequeño mundo. Eso tenía que ser, no podía ser de otra manera. Él siempre quiso ser un minidiós en su entorno, alguien admirado y venerado. Por desgracia, sus dos palmos de menos de altura y ese tartamudeo que siempre aparecía en esos contados momentos que todos le escuchaban, le habían puesto al final de la cola de las personas importantes de su círculo íntimo. Y en esos puestos finales, a su misma altura, encontró a su mujer. No aspiraba a más, no podía desear más, no le correspondía. Lucía era una buena mujer, no muy guapa, pero con la sabiduría suficiente para no agobiar a Juan con aspiraciones fuera de su posición natural. Si ellos habían estado al final de la cola, este chico estaba en primera línea. Una sonrisa se dibujó en su cara cuando Juan Jr se sentó en una silla en medio del semicírculo estrógeno. Su actitud era clara, era el centro de atención, lo sabía y era lo que estaba acostumbrado a recibir.

Y como lo miraban las chicas, no le quitaban el ojo de encima. Su conversación estaba dirigida a él, sin duda. Desde el banco cercano que había acogido al longevo admirador de si mismo, no perdía detalle del retrato idílico que discurría en la terraza. Todas lo escuchaban, todas miraban, TODAS lo adoraban… que gusto saber que otro yo disfrutaba lo que a él se le negó. Sin envidias, sin rencores, sólo justicia. De pronto un grito estridente turbó su concentración. Desde el perímetro de las mesas de la terraza, un julai en toda regla, estridente en el vestir y en el posado, miraba con deleite a la mesa que centraba su felicidad. Ante la decepción de Juan, su otro yo contestó con una sonrisa a la mariconada, se levantó y se acercó lentamente. Bueno, puede que eso fuera el signo de los tiempos. En su tiempo lo hubieran corrido a pedradas, pero hoy en día no sería lo correcto. Mejor, eso le daba un círculo de adoración mayor, hasta los julais adoraban a su yo actual. Mientras se tranquilizaba con este pensamiento de pronto algo lo dejó helado. La lengua del julai exploraba con avidez la boca de Juan Jr. Pero lo peor era que su yo lanzaba también la lengua para explorar la boca de su agresor.

Un sudor frío le recorrió el cuerpo. Se levantó y se alejó del duelo de lenguas. Tenía que buscar alguna diferencia, tenía que alejarse de su yo actual. No podía ser él, no podía ser. Una obra, necesitaba una obra para disipar toda esa decepción acumulada en su interior. Cerca de ahí estaban castigando el pavimento por alguna oscura razón, y era necesaria la supervisión técnica del equipo jubilado de arquitectos. Ese era su lugar. Temblando llegó a la obra, extendió sus manos y se agarró a la verja. Poco a poco recuperó el aliento, levantó la vista y empezó a controlar la profundidad del los cimientos, la habilidad de conducción de las excavadoras, el culo del musculado paleta de la pala, la……… “mierda”

Bad Religion, Generator

Una vez alguien me dijo que la belleza de una melodía nunca se escondería debajo de una guitarra. La persona que me lo dijo jamás escuchó esta canción

Like a rock,
like a planet,
Like a fucking atom bomb,
I’ll remain unperturbed by the joy and the madness
that i encounter everywhere I turn
I’ve seen it all along
In book and magazines
like a twitch before dying
like a pornographic sea
there’s a flower behind the window
there’s an ugly laughing man
like a hummingbird in silence
like the blood on the door
it’s the generator
oh yeah, oh yeah, like the blood on my door
wash me clean and I will run
until i reach the shore
I’ve known it all along
like the bone under my skin
like actors in a photograph
like paper in the wind
there’s a hammer by the window
there’s a knife on the floor
like turbines in darkness
like the blood on my door
it’s the generator

El espíritu de Quim Monzó

 No podía dejar de rascarse…. Las uñas pasaban una y otra vez sobre un más que normal apéndice nasal que la diosa genética le había colocado. Ni muy grande, ni inútil para sostener unas gafas. Sólo una puta nariz.

            Lo que empezó como un acto reflejo, llamó al fin la atención de su sentido de la vista. En un prodigioso cruce de ojos se fijó en la zona de conflicto donde su uña se había ensañado. En un principio no notó nada más que la rojez normal asociada a la saña masoquista, pero, poco a poco, a través de las palpitaciones de la zona cero, amaneció un extraño rostro. Lo que antes parecía una vena completamente destrozada, empezaba a sugerir unos ojos cada vez más fríos y cínicos. Lo que era un punto negro dilatado, se transformaba por momentos en una boca con un rictus torcido de rencor, mientras que un solitario pelo nasal, de esos que sólo detectan su presencia las mujeres con poco cariño que dar, retorcía en la forma de una nariz de lo más normal.

            Raudo y veloz se desplazó la lavabo a ver que era aquel ser extraño que  había tomado su nariz como hábitat natural. A través del espejo  observó como nacía, poco a poco, pero de forma imparable, un rostro adherido a su muy normal nariz. Aún más, ese rostro se iba perfilando como una versión minúscula y desagradable de si mismo, una fotografía de un yo amargado y cínico que transmitía inquietud y malestar. Atónito y boquiabierto, se quedó aún más alucinado cuando su minúsculo retrato empezó a mover su boca-poro y escupió, además residuos que jamás habían sufrido una limpieza de cutis, las palabras “soy tu conciencia”……

            Una firme y loca determinación se apoderó de su mente, brazos, y piernas. Salió del lavabo, cruzó el pasillo en tiempo récord, clavó sus zarpas en el último libro de Quim Monzó, y mientras profería las palabras “lo sabía” en un tono a medio camino del patetismo y de la rabia, lanzó el libro por la ventana

HEY HEY MY MY

 

Hey hey, my my
Rock and roll can never die
There’s more to the picture
Than meets the eye.
Hey hey, my my.Out of the blue and into the black
You pay for this, but they give you that
And once you’re gone, you can’t come back
When you’re out of the blue and into the black. The king is gone but he’s not forgotten
Is this the story of johnny rotten?
It’s better to burn out ’cause rust never sleeps
The king is gone but he’s not forgotten.
Hey hey, my my
Rock and roll can never die
There’s more to the picture
Than meets the eye.

 thanks Neil,

Don’t let the rust catch your strings